10 enero 2011

¡NOMINADA!


Esta es una entrada para desearles una linda semana, porque eso no se me puede olvidar, claro, y también para compartir algo un poco tonto, quizá, pero que me ha hecho mucha ilusión, y como ustedes son amigos, y compartimos gustos parecidos, comprenderán mi alegría.

Les he comentado alguna vez que tengo una cuenta en Livejournal, que adoro usar porque allí están muchas de las personas que lo mismo que yo adoran escribir fics, originales, leer mucho, y también ver mil series y películas para conversar al respecto. Muchas de las personas que integran mi f-list son buenas amigas también, gente con la que poco a poco, en este corto tiempo que llevo por aquellos lares, me trata con una amabilidad increíble, y con la que coincidimos en mil cosas.

Ahora, resulta que cada año, se llevan a cabo unas elecciones para premiar a los usuarios en muchas categorías. Están las personales, y también las relacionadas con fandoms, es decir, series, películas, libros de los cuales seamos más fans.

Me enteré el sábado, cuando se abrieron las votaciones, y pasé a votar por amigas nominadas, que me habían nominado a mi también, y nada más y nada menos que como mejor fan de "Orgullo y Prejuicio", lo que imaginarán la tremenda ilusión que me ha causado, especialmente porque no  llevo tanto tiempo allí, y más allá de mis mood themes, no pensé que mi amor por esta novela fuera tan obvio.



Se acostumbra hacer campaña, pero no soy mucho de esas cosas, así que tan solo he posteado algo explicando lo que la obra significa para mí, y ya. Creo que hay otras usuarias nominadas que a lo mejor y lo merecen mucho más, así que estoy pensando por cuál de ellas votar.

No espero en lo absoluto ganar, y no es fatalismo o falta modestia, sino uno de esos ataques de realismo que me dan a veces, pero aún así me ha parecido una noticia fenomenal para empezar la semana. Y como justo acababa de terminar la relectura del libro, pues no ha podido caer en mejor momento.

Este video que voy a dejar es uno de mis favoritos, por la música, la elección de las escenas, y en general porque resume mucha de la magia del libro. Espero que lo disfruten, y tengan una semana fabulosa.


07 enero 2011

¡SE VIENEN LOS BORGIA!


Me acaban de avisar que este año, apenas termine The Tudors, se viene otra serie de la época, que tiene muy buena pinta, y desde ya la tengo reservada, esperando fecha de estreno. Siempre me ha fascinado la historia de los Boriga, tremenda familia, sus intrigas y todos los misterios que aún hoy los rodean.

La historia promete mucho, serán solo diez episodios para empezar, y como si no fuera bastante con que hayan escogido como director a Neil Jordan, que ganó el Oscar al mejor guión original en 1992 por su película "The Crying Game", será protagonizada nada más y nada menos que por Jeremy Irons, uno de mis actores favoritos, y que se ve magnífico en el trailer. El resto del cast también promete, y la música de primera.

Seguro que la relación entre Cesare Borgia y Lucrezia Borgia va a sacar chispas, porque en esa familia se veía de todo, pero espero sean lo más fieles posible, que parece así será, y disfrutar de un buen trabajo.

Les dejo el trailer para que le den una mirada, a ver si así los tiento, y les deseo también que tengan un buen y reparador fin de semana.

06 enero 2011

FELIZ DÍA DE REYES



Como les comentaba a algunos de ustedes en la entrada anterior, me apena que en mi país no se celebre con mucha ilusión la llegada de los Reyes Magos, más allá de algunas tradiciones que lamentablemente se van perdiendo, pero cierto es que mientras haya alguna, pues están para disfrutarlas y gozar con ellas.

Se dice que el fundador de Lima impuso a la capital el nombre de Ciudad de los Reyes porque coincidió con la fecha en que los Reyes Magos se encaminaron a Belén, al igual que el gobernador y sus compañeros andaban buscando en los arenales entre Pachacámac y Lima el lugar ideal para establecer la nueva capital.

De modo que historia sí que tenemos relacionada con los Reyes, y eso es más que suficiente para que cada 6 de enero, tres buenos caballeros, que además resultan siempre ser miembros de la policía, tengan a bien vestirse de Reyes  Magos por un día para cabalgar al Centro de Lima (lo hacen en caballos, porque a ver de dónde sacamos un camello por acá), repartiendo dulces y llegando hasta el Pesebre en la Catedral para adorar al niño.



En cuanto a tradiciones caseras, cuando mi abuela aún vivía acostumbraba reunir a todos sus nietos para que compartieramos ese día la Rosca de Reyes y el chocolate caliente. Aquí no acostumbramos hacer regalos, pero el pasar un momento con mi abuela, y jugando con mis muchos primos era ya un regalo genial. Ahora, ya grande, digamos, seguimos con esta tradición en casa, con mi familia, y como aprendí ya a hacer las Roscas, me lanzaré a hacer algunas. Estas son las primeras que hice en mi clase, disculparán la pinta, pero espero mejorar en el segundo intento.



Que pasen un lindo día de Reyes, que si acostumbran regalar o recibir obsequios, o pedir deseos, se les cumpla todo, y lo más importante, despidamos con cariño estas fiestas para entregarnos a vivir con muchas ganas el nuevo año.   

03 enero 2011

DESPIDIENDO LA NAVIDAD

Las fiestas de fin de año han pasado ya, y tan solo nos queda el Día de Reyes, que al menos en mi país no es tan celebrado como me gustaría, pero conservo la ilusión de la infancia.

Espero que pasaran unas muy lindas fiestas con sus familias, amigos, y que este año que ha empezado ya, esté colmado de amor y mucha felicidad.

Pensaba en qué postear el día de hoy, empezando ya la semana, y muchas cosas me pasaron por la mente, pero recordé que justo para Navidad cumplió años una querida amiga, así que le escribí un pequeño cuento que deseo también compartir con ustedes. No es precisamente alegre, pero creo que tiene cierto toque de esperanza, ya que el final quedó abierto para que de acuerdo a su ánimo, cada quien le de el cierre que mejor le parezca. Que tengan una linda semana.




EL MÚSICO

El sonido de un acordeón se oía en la calle desierta y cubierta por la nieve.

El vecindario podría ser cualquiera, ese en el que vives, tal vez; y la casa de al lado aquella en la que el músico fijó la mirada sin dejar de tocar.

Y cada paso que daba para acercarse a la angosta puerta, parecía requerir tanto esfuerzo, que se detenía con frecuencia para recuperar ánimos. Pero sus dedos seguían ágiles sobre las teclas, sin alterar una sola nota de su melodía.

Se sentó en el portal, sin disimular una mueca por el frío que traspasaba su ropa, y siguió tocando.

Pasaron varios minutos, y de pronto, una a una fueron encendiéndose las luces de cada casa, menos de aquella que en cierta medida le cobijaba.

Poco a poco, puertas se abrieron, rostros cubiertos por gorros se asomaron con cuidado, deteniendo la vista en el espectáculo de aquel hombre que parecía ensimismado en su música, ajeno al alboroto que ocasionaba.

Los vecinos parecían indecisos respecto a cómo reaccionar, ¿debían llamar a la policía? Después de todo, la música era hermosa, y no le hacía daño a nadie. Pero era ya muy tarde, y los niños debían ir a dormir; entonces, ¿qué hacer?

En lo que se reunían para discutir, uno de los niños más pequeños, quizá confundido porque los adultos no tomaban una decisión, se acomodó bien la bata que lo cubría, y con paso seguro, cruzó el pequeño camino, hasta llegar al lado del músico. Cuando su madre reparó en sus intenciones, quiso retenerlo, pero algo debió ver en la mirada de su hijo, que le hizo cambiar de opinión, y se resignó con mantenerse a un par de pasos de distancia.

Una vez que estuvo lo bastante cerca para observar al hombre, el niño entrecerró los ojos, concentrado en que no se le escapara nada. La cabeza cubierta por la que solo asomaban unos ojos apagados, con la espesa barba tan larga, que casi rozaba su raído suéter; los dedos callosos y sin guantes que recorrían las teclas del acordeón, y el suave vaivén de sus brazos, que se adivinaban delgados.

Si el hombre encontró incómoda esa minuciosa inspección, no dio muestras de ello, pues la melodía continuó fluyendo con la misma naturalidad.

—Hace frío.

La evidente observación del niño hizo sonreír con ternura a su madre, pero guardó silencio.

—Pronto será Navidad, ¿sabe? Debo esperar a mañana para abrir mis regalos, ¿sabe? No puedo hacerlo ahora, pero sí tomar chocolate, ¿usted no quiere chocolate? Es bueno.

La cháchara del pequeño recibió tan solo una lenta sacudida de cabeza de parte del músico, lo que en cierta medida ofendió a la madre, porque el gesto de su hijo le pareció muy generoso. Ella no habría tenido problemas en compartir una bebida caliente con este hombre.

—No lo van a oír, aquí no vive nadie, venga con nosotros.

La mujer pestañeó al escuchar las palabras del pequeño. ¿Tendría razón? ¿Era eso lo que el músico hacía? ¿Tocaba para…la casa? Pero de ser así, su niño estaba en lo cierto al afirmar que nadie lo escucharía allí; hasta donde sabía, esa casa llevaba mucho tiempo deshabitada.

Empezaba a impacientarse por la indiferencia del hombre, que no podría dejar de tocar ni siquiera por un segundo para atender la bondad de su hijo, y le frío empezaba a calar en sus huesos.

—Vamos, hijo, deja al señor tranquilo; tal vez quiere estar a solas.

—No, él quiere tocarle a la casa, ¿no ves? Pero nadie le oye—el chiquillo sacudió la cabeza—sus dedos están morados, tiene frío.

El niño miró sus propias manos, dándoles vuelta en el aire, como midiéndolas.

—Ya vuelvo.

La madre no atinó a detenerlo, pero suspiró aliviada al ver que se dirigía de vuelta a su casa. Le habría seguido sin dudar de no ser porque prometió regresar; tendría que esperar un momento más.

Respiró sobre sus manos enguantada para transmitirse un poco de calor, y apoyó la espalda sobre uno de los pilares del rellano.

—Mi hijo dice la verdad, nadie vive aquí desde hace años, no pueden oírlo, es inútil.

El músico cabeceó, asintiendo, dando a entender que eso ya lo sabía.

La mujer suspiró, entre confundida y exasperada; entonces era cierto, le tocaba a la casa.

—¿Lo sabe? ¿Y por qué está aquí? Mire, sólo llevo unos meses en el vecindario, pero estoy segura de que nadie llamará a la policía, ni se quejará, ¿seguro de que no quiere venir un momento a nuestra casa?

Esta vez, el hombre levantó un poco los ojos, sin deja de tocar, y pareció conmovido por el gesto, pero negó una vez más.

Cuando la mujer sintió que su paciencia la paciencia se le había agotado ya, su hijo regresó corriendo con un bulto en los brazos.

—Papá dice que está bien.

Con esfuerzo, extendió la manta que traía, y la posó sobre los hombros del músico, que asintió en señal de agradecimiento. Luego, el niño se llevó la mano al bolsillo, y sacó un par de guantes, que dejó sobre la rodilla del hombre.

—Cuando quiera parar un momento, se los pone y viene a vernos, ellos van a entender—alargó una mano a su madre—vamos.

La mujer dudó, sin comprender las palabras del niño, pero le hizo caso, y tras una última mirada al extraño, se dejó guiar de vuelta a casa.

Apenas atravesaron la cerca, el chiquillo la jaloneó para que se pusiera a su altura, y le susurró unas palabras, mirando hacia atrás cada tanto.

—El vecino el dijo a papá que ese señor vivía allí, pero su familia murió, y él se fue. A veces vuelve a tocarles, pero hace mucho que no lo veían; a lo mejor vino porque es Navidad y quiere estar con ellos.

Su madre se enderezó, sorprendida, pero no giró como su hijo a ver al músico de nuevo, sólo cerró los ojos y se concentró en el sonido de ese acordeón que no paraba, con una sonrisa triste.

Se enjugó un par de lágrimas con rapidez, le acarició el cabello al pequeño, y juntos entraron a la casa, dejando las luces del pórtico y el vestíbulo encendidas, con la esperanza de que en algún momento de la noche, un golpeteo a la puerta les indicara que su invitación había sido atendida.