Hace poco leí Frankenstein, de Mary Shelley, novela de la que en su momento hice una reseña y desde entonces me dije que iba a intentar darme un tiempo para leer esos clásicos del terror tan conocidos y que nos resultan tan familiares que a veces olvidamos ir a la fuente, al libro en sí, y cuando lo hacemos, nos encontramos con muchas sorpresas del todo inesperadas que enriquecen aún más el mito. Me pasó en su momento con Frankenstein y ha vuelto a ocurrir con estos dos personajes que son uno, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Stevenson tenía cierta fascinación por la dualidad del ser humano y el enfrentamiento entre el bien y el mal que habitan en nosotros, de allí que el autor de La isla del tesoro volcara sus ideas en esta novela corta en la que intenta plasmar sus inquietudes, y vaya que lo hace forma magnífica en su sencillez.
La historia nos es narrada desde el punto de vista de Mr. Utterson, abogado y amigo personal del Dr. Jekyll. Un día escucha algunos rumores respecto a un cierto Mr. Hyde, quien sabe es protegido de su amigo, por lo que se alarma al saber que es un hombre salido de la nada y que tiene una reputación espantosa; además, quien lo ve no puede evitar sentir una aversión tremenda, como si se encontrara frente al mismísimo mal personificado. Luego de recibir instrucciones del Dr. Jekyll respecto a que si muere o desaparece, todos sus bienes deben pasar a manos de ese horrible hombre, la preocupación se hace aún mayor. El hecho de que su amigo usara una expresión tan poco usual como "desaparecer" le resulta aún más extraño.
Desde este punto, los acontecimientos se suceden con rapidez. La conducta del Dr.Jekyll se vuelve cada vez más errática, la ciudad empieza a alzar la voz frente a los atropellos cometidos por Mr. Hyde, y por más que Mr. Utterson procura recabar información acerca de este último, no consigue nada que le sea de utilidad, además de que su viejo amigo insiste en defender a este hombre contra viento y marea. De pronto, se comete un espantoso asesinato y todo conduce a suponer que es Mr. Hyde el culpable; este hecho sirve de disparador para que la verdadera naturaleza de ese personaje se vea revelada.
La novela es corta, apenas noventa páginas, con una narración sencilla, sin dar muchas vueltas, de modo que desde el primer párrafo estamos ya del todo metidos en la trama y no podemos parar hasta el final. El lenguaje es propio de la época, la novela fue publicada en 1886, pero no es impedimento para apreciar la historia; es más, creo que es un ingrediente fundamental que nos permite sumergirnos en esa época, en un ambiente oscuro y gótico, pendientes de lo que sucede a continuación.
Respecto a la premisa en sí, es interesante pensar en las reflexiones que quedan una vez que la lectura es terminada. Más allá del misterio y el horror, ¿en verdad somos bondad y maldad habitando un mismo cuerpo? ¿Es posible que el ser humano busque alguna vez la forma de "aislar" una de otra? De hecho que es un tema muy rico y del que se puede hablar mucho, así que si no han leído aún la obra, les invito a hacerlo, no se sentirán defraudados, este es uno de esos mitos que vale la pena conocer de primera mano.
"Formular una pregunta equivale, muchas veces, a tirar
una piedra. Suba usted a lo alto de una colina, tome una piedra y échele usted
a rodar por la pendiente. La piedra arrastrará muchas otras y, sin que usted lo
piense, el pobre diablo que cultiva lechugas en su huerta para pasar
inofensivamente un día de asueto, sufrirá descalabros mortales y su viuda
contraerá segundas nupcias".
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